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La participación social, clave para impulsar el desarrollo rural

octubre 8th, 2013
El desarrollo rural pasa por la participación social. Y cada vez lo tengo más claro. En general, si algo queremos que cambie, necesariamente, hay que contar con las personas. Y este es un modelo que vamos a tener que aprender a gestionar si queremos, primero, salir del atolladero socioeconómico en el que nos encontramos pero, segundo, si además queremos avanzar en algún sentido. Ha pasado ya el tiempo de esperar a que otros vengan a sacarnos, a su modo, las castañas del fuego. Es hora de trabajar, de forma colectiva y solidaria, en buscar alternativas de desarrollo, quizás más modestas pero, al menos, sostenibles en el tiempo. Pero, ¿por qué digo esto? Porque creyendo, como creo, que el medio rural tiene recursos suficientes, al menos la mayor parte del medio rural, para generar alternativas de desarrollo local entre sus gentes, éstas no deben esperar a más. Deben aprender a trabajar en comunidad, como se hacía en las sociedades «menos» desarrolladas, deben aprender a decidir de forma colectiva, a sumar sus esfuerzos y a buscar y diseñar estrategias que favorezcan el bien común y no el enriquecimiento particular. desarrollo rural Las grandes o medianas multinacionales ya no van a venir a instalar su maquinaria pesada a nuestros pueblos. Y si lo hacen serán, como hasta ahora, pan para hoy y hambre para mañana. En cualquier caso, esperar a que eso ocurra es como jugar a un número de lotería en el sorteo extraordinario de navidad. Parece mucho más cabal partir de un análisis detallado del medio rural, valorar y cuantificar lo que se tiene para promover iniciativas emprendedoras lógicas, sensatas y asentadas en el territorio y, todo ello, aderezado por la participación social. La gente, los habitantes del medio rural tienen que ser los directores de sus propios movimientos. Deben erigirse en líderes de sus propias comunidades. Tienen que volver a aprender a ser grupo. El progreso y la modernidad han sido, en este sentido, nefastas para nuestros pueblos. Se han originado comunidades de vecinos recelosos entre sí y competitivos por las migajas que venían de fuera, mientras lo propio quedaba abandonado y en desuso. Es hora de que esto cambie si queremos generar, en el medio rural, estructuras sólidas, productivas y, lo más importante, sostenibles en lo económico, en lo medioambiental y… en el tiempo. Hay que fomentar e impulsar el asociacionismo en el medio rural, el intercambio de ideas y de proyectos, el trabajo en red, el cooperativismo, la solidaridad intervecinal, el trabajo intermunicipal o intercomarcal. Hay que aprender a desdibujar linderos y términos municipales cuando se trate de impulsar proyectos de desarrollo y hay que promocionar el lema, mejor con mi vecino que sólo. Hay que regenerar un trabajo en comunidad y participativo basado, eso sí, en el aprovechamiento eficiente de los recursos propios. Y digo eficiente, y digo propios. Sólo de este modo nuestros pueblos no necesitarán a nadie que venga a sacarles las castañas del fuego y generarán por sí solos, pan para hoy y desarrollo sostenible para mañana.
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